Green Juices

Algunas Historias cortas

La mente conoce su propio poder y se entrega a la luminosa felicidad, mientras la bestia inmortal se retuerce dentro de sí misma con la esperanza de volver a tomar forma humana, sin saber que se le ha atado con un sello de pentagrama imposible de desatar. Y sin embargo sus rezagos penetran en alma cuando la nobleza parte hacia la segunda realidad, y los sentidos se encargan de traer el egoísmo y la necesidad de afecto para activar las sombras de la bestia, enredándose con la melancolía y el llanto del corazón.

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EL PECADO DE LA AUTOCONSOLACIÓN.

Al escuchar el timbre del viejo teléfono blanco que permanecía en la inmaculada mesita de noche alojada en la habitación principal de la casa, rápidamente tomé impulso y me lancé sobre él para contestar: todos sabemos que cuando los días pasan entre dibujos animados, animales de felpa y algunas golosinas, contestar el teléfono es una de las más importantes misiones que un ser humano puede tener.

 

Aquel domingo mi madre apenas iniciaba su ritual de secado, maquillaje y peinado. Estaba sentada frente al gran espejo ubicado en la parded del baño dentro de la habitación: un baño con espacio de vestidor, un corredor con  espejo,  mueble con cajones, lavamanos y al fondo la ducha y el sanitario.

En ese instante, la acción de contestar aquel teléfono blanco traería implícita la gloria de acceder a la mesita de madera con extrañas figuras talladas a mano y rellenas de polvillo de oro que brillaban por la constante y meticulosa limpieza del esmalte transparente que recubría  esta pieza, que mi madre mantenía impecable y luminosa. En su interior, un sinfín de maravillas permanecían allí, al pie de la cama.

Quien llamaba era un hombre adulto, como lo eran algunos de mis “amigos grandes” del curso vacacional al que asistí diaramente durante el mes de junio, así que me quedé en la línea conversando con él, esperando saber qué deseaba, quien quiera que estuviera hablando del otro lado de la línea.

 

Dentro de la mesita de noche había una libreta de forro azul muy elegante con algunos números de teléfono, lapiceros montblanc, un lápiz y tajalápiz metálico, cinta pegante transparente y unas tijeras plateadas alargadas. Entre papeles y cajitas, había un frasco transparente con una marquilla que decía en letra de máquina de escribir “esencia de rosas” que albergada en su interior una especie de tinta roja, una lupa de marco dorado y una bola hecha con papeles de aluminio de los cigarrillos piel roja que fumó mi tío, uno tras otro, día tras día, mientras tuvo vida.   

 

“Y… ¿qué estás haciendo?” pregunté al interlocutor desconocido que había llamado aquella mañana dominical. El respondió “me estoy masturbando”. Sin saber qué podría significar esta nueva palabra que yo no nunca antes había escuchado, simplemente continué la conversación y pregunté “¿por qué?” y él respondió “por ti”. En ese instante mi hermana, cinco años mayor que yo, que pocas veces salía de sus libros o de su cuarto, de un salto se encontró lado mío, me rapó el teléfono y le gritó a quien quiera que llamó ese día: “DEJE DE JODER!!!”.  Colgó tirando fuertemente el teléfono haciendo tambalear la delicada mesita de noche y respiró agitada mirando fijamente la puerta del baño de la alcoba principal, donde se encontraba mi madre, probablemente con un rulo enrollado en la parte frontal de la cabeza.

 

En casa, cualquier acto de mala educación o malos modales era imperdonable. Como consecuencia decir groserías no se contemplaba como una posibilidad. Mis papás nunca las usaban e incluso era motivo de reproche utilizar dichos que en el colegio se volvían populares como decir “que seba”  para expresar “que asco” o decir “que mamera” en vez de “qué pereza”. Era tan malo decir una grosería, que cuando mi hermana y yo cantabamos la canción de los Hombres G cuya letra dice “sufre mamón, devuélveme a mi chica” decíamos “sufre hmm hmm devuélveme a mi chica” a pesar de que nadie estuviera escuchándo dicha interpretación, porque la culpa nos consumía si llegábamos a cometer una falta lingüística tan irrespetuosa como lo podría ser una mala palabra. Así estuviéramos solas, no éramos capaces de entonar algo prohibido, porque las groserías simplemente no se podían pronunciar.

 

En una reunión familiar, dos años antes del domingo en cuestión, mi tío dijo “mierda” después de haber tomado un par de tragos mientras contaba un chiste y mi mamá abrió los ojos tan grandes como dos naranjas. Aunque posteriormente sonrió con picardía, desaprobó la broma moviendo la cabeza de lado a lado.

Escuchar la palabra JODER de boca de mi hermana mayor o María Perfecta, como yo la llamaba en aquel entonces, era un suceso completamente inesperado ¡y de dimensiones escandalosas!. Mi mamá, que estaba en el baño, salió con la cara de sorpresa que se podría esperar de la persona que no nos dejaba salir de casa sin la ropa y el peinado impecables, y no permitía faltar a la etiqueta de la palabra, justificándose siempre con la frase “la real academia de la lengua dice que el significado de lo que estás diciendo es…” y en  conclusión siempre habría una mejor manera de expresar lo que fuera que uno quería decir.

Esa mañana, a mi hermana no la regañaron. Esto era GRANDE. Cualquiera que fuese el significado de lo que ese hombre había dicho, era realmente MALO.

 Mientras mi hermana y mi madre hablaban en un tono espelusnante de secreto, yo interrumpí la conversación.

-“¿Qué es masturbarse?” pregunté. Pude notar la incomodidad de mi madre para explicarme buscando las palabras adecuadas para darme una respuesta, aunque esto era algo extraño, pues ella siempre podía dar todo tipo de significados de forma rápida y concreta.

 “Es un momento en que una persona se da placer a sí misma”  finalmente me respondió. “¿y eso es malo?” pregunté. No recuerdo muy bien las palabras exactas, pero una vez vinculada la palabra con el tema sexual  “hacer el amor era un acto de dos y no de una sola persona”. La masturbación en todo caso, era algo muy malo. Tan malo que se podían decir groserías a quien lo hacía; tan malo que hasta María Perfecta me defendería de ello, sin importar el costo.

En el mismo año  de las fiestas en que mi tío moduló la innombrable broma, una mañana al entrar al baño y prepararme para ducharme antes de salir al colegio,  encontré en mi ropa interior una pequeña mancha amarillenta. Cuando fui a preguntarle a mi mamá qué era eso, ella me respondió: “eso es pipí seco, tienes que lavarte mejor”, Hoy en día no sé si mi madre me dio esa respuesta porque realmente pensaba que aquello era una mancha de pipí o por temor al prejuicio sexual que implicaba tener que entrar en los detalles de explicar un flujo vaginal. Aunque el asunto se olvidó prontamente, yo era muy obediente y siempre hice lo que mi mamá me decía (por lo menos así fue los primeros años de mi vida).

 A la mañana siguiente, después de prepararme como todos los días para ducharme antes de salir para el colegio, puse el chorro de agua en la mitad de mis piernas abiertas, con la única finalidad de lavarme mejor. Tuve una sensación muy agradable, que valdría la pena repetir. Hoy en día puedo decir que tuve un orgasmo, pero orgasmo es una palabra que trae un contenido sexual, y aquella mañana yo disfruté esa sensación, como cualquier niño disfrutaría comerse un dulce, o colorear un unicornio. Mi mente infantil estaba lejos de comprender cualquier contenido sexual que pudiera implicarse en dicha acción placentera.

 

Durante las fiestas yo destapaba la dorada envoltura de los chocolates de mi abuela con emoción y cuidado, mordía con ansiedad la cobertura con galleta anhelando encontrar la crema de avellana para extraerla suavemente hasta disfrutar el delicado sabor de la nuez al morderla para posteriormente masticarla y tragarla poco a poco. El chorro de agua entre las piernas no era más que una sensación agradable y similar al placer de comerse un chocolate, hasta aquel día en que recibí la llamada de ese hombre o muchacho que no tenía nada mejor que hacer ese día y, aunque nunca lo sabré, creo que es poco probable que realmente se estuviera masturbando.

Durante las noches que pasé en casa de mi abuela, antes de dormirme mi tío solía entrar en mi habitación y contarme una historia. A medida que fui creciendo las historias se transformaron simplemente en conversaciones sobre la existencia. Una noche me armé de valor y decidí preguntarle si se arrepentía de alguna cosa que hubiera hecho en su vida. Él me respondió que sí. No hablamos de ningún hecho concreto, pero hicimos una lista de los años en que él había realizado alguna acción de la cual se arrepentía y finalmente la conversación terminó con la revelación del significado de la misteriosa  bola de aluminio. “Al final del día me fumo un piel roja y con el aluminio hago una bola para dejar todas mis acciones del día, pues el pasado es como un cigarro ya fumado, después de haberlo disfrutado podrá tener sus consecuencias, pero al final del día es solo humo ”.

Yo nunca pude fumar cigarrillos piel roja, me parecían tan amargos como el sabor que dejó en mi alma la muerte de mi tío. De hecho no fumé por muchos años, pero sí hice mi propia bola de brillante aluminio.

Cuatro años más tarde las hormonas ya estaban despertando y el placer en medio de las piernas adquirió todo su contenido sexual. Mi amiga Lydia y yo estábamos viendo “leyendas de pasión” una de las primeras películas famosas de Bradd Pitt y una de las primeras escenas eróticas que ella y yo habríamos visto en nuestras vidas. Lydia y yo éramos, según la maestra de matemáticas del colegio “como uña y mugre”, pasábamos juntas mucho tiempo dentro y fuera del colegio. Después de ver esta película empezamos a hablar de lo bien que se veía Bradd Pitt y en un punto de la conversación llegamos a aceptar que sentíamos  excitación al ver la escena en que los personajes Tristan y Sussan hicieron el amor. Tras realizar esta confesión ella me preguntó insistentemente “y cuando sientes eso, tu qué haces?” Pero después de evadir la respuesta un par de veces no volvimos a hablar del tema. Años más tarde, cuando le conté a Lydia esta historia, ella solo me dijo “gracias por haberme contado” y creo que la liberé al menos un poco de su oscuro pecado, aunque ella nunca tuvo una brillante bola de aluminio para agrandar.

 

Durante las clases de “educación sexual” que recibí en el colegio (lo pongo entre comillas porque realmente fue mayor la desinformación y dirección prejuiciosa que cualquier otra cosa), supuestamente podíamos preguntar lo que quisiéramos. Yo traté de abordar el tema de la masturbación pero por supuesto jamás podría permitir que se notara la verdadera motivación de mi pregunta. Nadie debía darse cuenta nunca de ese espantoso pecado que yo cometía.

Se me ocurrió mencionar entonces que había visto un libro con diferentes objetos para masturbarse. Este libro lo vi en la casa del novio de la mamá de una amiga, a la que fuimos alguna vez. Éramos muy pequeñas y el hijo del dueño de casa nos mostró el libro con picardía. Pero este evento no tuvo mayor relevancia y aunque esa tarde de ver el libro pasamos a jugar cualquier otra cosa sin contenido sexual, la única respuesta que obtuve ese día de mi “orientadora” fue: “yo me preocuparía más bien por saber qué clase de libros estás leyendo!” y rápidamente cambió de tema. Así que me quedé con mi desinformación y mi horrible secreto.    

Todos los miércoles, durante la misa de la mañana, me imaginaba qué pasaría si en frente de todos pasaran mi vida en una pantalla gigante. Como si en vez de ir a misa, las personas fueran al cine a ver la película de mi vida. Recuerdo que pensaba que en general estaba bien. Yo era una buena persona, no tenía nada que ocultar… a menos que llegara a verse algún episodio de masturbación. “Algún día iré al psiquiatra para contarle esto y que me pueda ayudar a saber por qué estoy enferma de la cabeza y qué es lo que pasa conmigo, pues debo estar muy dañada si disfruto tanto esta situación tan depravada”. A la salida del colegio fumaba un cigarrillo y añadía un aluminio a mi brillante bola de pecados.

Muchos otros pensamientos ocuparon mi mente entre los 12 y los 16 años, este tema no ocupaba mucho de mi tiempo. Cargué mi terrible secreto por muchos años, hasta que tuve un amigo y amor de quinceañera, que me acompañó durante casi 4 años entre la soledad que sentíamos en una sociedad que abandonaba el respeto por un deportivo rojo y juzgaba al vecino por la marca de sus pantalones. Nos acercamos porque teníamos en común puntos de vista esenciales de la vida.

Nuestra relación era muy especial. En ese momento él era la persona más importante de mi vida y solo estar con él motivaba mi existencia. Pasaron algunos años para que yo madurara y comprendiera el real significado del amor y el equilibrio dentro de las relaciones de pareja, pero en ese entonces mi vida era tolerable gracias a su amor y su presencia.

Para nuestra relación perfecta era necesaria la sinceridad, pero yo tenía un oscuro, oscurísimo secreto. Mi amor me consolaba y me decía que todos teníamos algo de un pequeño lobo negro en nuestro interior, que era normal tener un secreto o algo de oscuridad dentro de sí mismo. Pasó un año entero mientras me armé de valor y decidí que podía confesarle a él, a mi ángel y salvación, aquel perverso secreto.

Cuando llegó el momento indicado, ante el cielo estrellado y ante las deidades que reinaban en nuestro universo de colores y sentimientos, con dificultad para respirar dejé salir las palabras de mi boca, lo confesé. No recuerdo que palabras exactas habré utilizado, pero en esa noche luminosa confesé mi más oscuro secreto. -“Chiquita, eso es normal. Los animales lo hacen y los hombres lo hacemos un montón! En el colegio hasta hacemos concursos para ver quién aguanta más tiempo haciéndolo…”

Que inmensa revelación fue saber que aquel placer no era una depravación y desviación de mi mente enferma, si no la naturaleza de mi cuerpo y sus necesidades. Ese día descucrí que así yo no sea la persona más común en la tierra, no estaba loca ni desequilibrada por disfrutar de lo que uno de mis terapeutas mucho tiempo denominó “la autoconsolación”, porque seguramente tampoco le gustaba la palabra masturbarse.  

 

Después de algunos meses bajo el mismo cielo estrellado, mi querido amigo y yo hicimos el amor, y después tallé en la madera de un pino mis propias figurillas esmaltadas e inmaculadas, para poder seguir guardando mi brillante bola de pecados noche tras noche, dentro de mi propio cajón.

La institución

Son hermosas columnas de cristal aquellas que nos guardan. Son brillantes, nos protegen, nos abrigan, y no permiten ni siquiera que el mismo viento roce nuestra delicada piel...

 

Paseando por inmensos jardines pasaron días, meses, años, y millones de columnas rodeaban mi alma endulzada por la hermosura que abarcaba a cada instante descomedidas risas, las cuales permitían que se derramaran lágrimas banales mientras el alma piensa que sufre. Encontré compañía, y la vida siguió su delicado curso entre pétalos de rosas sin tropezar jamás con una espina, por más que vi el sol, una interminable barrera transparente, no me permitió saber, qué era estar caliente, nunca me sentí vacía, mientras lo único que me rodeaba era la vacuidad infinita, nubes grises no pude observar, pues las columnas no permiten su paso, podrían causar tormentas, nunca vi la sangre jamás la olí, la sentí, la palpé... y hoy me pregunto si valía la pena aquella vida  sin tormentas.

 

Varias ocasiones hicieron que deseara la salida de aquel lugar, pero ésta me fue negada, y entonces comprendí que las hermosas columnas no eran más que barrotes conformando una impenetrable jaula cristalina. Incontables fueron los intentos de escapar de la prisión, al descubrir que toda la belleza que durante tantos años había asediado millones de almas, era solo un espejismo, una ilusión creada por sedientos espíritus perturbados mediante siglos pasados de existencia que crean mitos y fantasmas al no saber diferenciar entre el bien y el mal.

 

Así el tiempo siguió su curso, los segundos lentamente transcurrieron y se formaron más años que pasaban mientras yo continuaba paseando entre los embaucadores jardines  y la rutina se encargó de suprimir lentamente las penas que en mi mente  causaba el conocimiento de la verdad sobre las hermosas columnas y el espejismo de su belleza. Sin embargo, llegó el día conformado por ochenta y seis mil cuatrocientos segundos en que me manifestaron que ya era hora de salir de aquella prisión encubierta con ilusoria belleza; con gran exaltación decidí hacerlo, y en el primer momento en que  atravesé las puertas que nunca antes concebí algún día poder traspasar, vi el mundo real, sin espejismos, sin ilusiones, y en alguna otra historia si me resta vida para escribirla, podré relatar todo lo que mis ojos pudieron ver, antes de recibir la primera cortada, pues si, en aquel instante de ansiedad, resulté herida, y empecé  a sentirla, a olerla, a palparla, a perderla;  era esa sangre que jamás había podido ver, y como nunca antes pude percatarme de que ésta fluía tres mil seiscientos segundos por cada una de mis horas de vida entre delgados canales dentro de mi cuerpo, e ignoraba completamente su valor, su sabor, y su esencia, ahora me estoy desangrando.

LA INSTITUCIÓN

Son hermosas columnas de cristal aquellas que nos guardan. Son brillantes, nos protegen, nos abrigan, y no permiten ni siquiera que el mismo viento roce nuestra delicada piel...

 

Paseando por inmensos jardines pasaron días, meses, años, y millones de columnas rodeaban mi alma endulzada por la hermosura que abarcaba a cada instante descomedidas risas, las cuales permitían que se derramaran lágrimas banales mientras el alma piensa que sufre. Encontré compañía, y la vida siguió su delicado curso entre pétalos de rosas sin tropezar jamás con una espina, por más que vi el sol, una interminable barrera transparente, no me permitió saber, qué era estar caliente, nunca me sentí vacía, mientras lo único que me rodeaba era la vacuidad infinita, nubes grises no pude observar, pues las columnas no permiten su paso, podrían causar tormentas, nunca vi la sangre jamás la olí, la sentí, la palpé... y hoy me pregunto si valía la pena aquella vida  sin tormentas.

 

Varias ocasiones hicieron que deseara la salida de aquel lugar, pero ésta me fue negada, y entonces comprendí que las hermosas columnas no eran más que barrotes conformando una impenetrable jaula cristalina. Incontables fueron los intentos de escapar de la prisión, al descubrir que toda la belleza que durante tantos años había asediado millones de almas, era solo un espejismo, una ilusión creada por sedientos espíritus perturbados mediante siglos pasados de existencia que crean mitos y fantasmas al no saber diferenciar entre el bien y el mal.

 

Así el tiempo siguió su curso, los segundos lentamente transcurrieron y se formaron más años que pasaban mientras yo continuaba paseando entre los embaucadores jardines  y la rutina se encargó de suprimir lentamente las penas que en mi mente  causaba el conocimiento de la verdad sobre las hermosas columnas y el espejismo de su belleza. Sin embargo, llegó el día conformado por ochenta y seis mil cuatrocientos segundos en que me manifestaron que ya era hora de salir de aquella prisión encubierta con ilusoria belleza; con gran exaltación decidí hacerlo, y en el primer momento en que  atravesé las puertas que nunca antes concebí algún día poder traspasar, vi el mundo real, sin espejismos, sin ilusiones, y en alguna otra historia si me resta vida para escribirla, podré relatar todo lo que mis ojos pudieron ver, antes de recibir la primera cortada, pues si, en aquel instante de ansiedad, resulté herida, y empecé  a sentirla, a olerla, a palparla, a perderla;  era esa sangre que jamás había podido ver, y como nunca antes pude percatarme de que ésta fluía tres mil seiscientos segundos por cada una de mis horas de vida entre delgados canales dentro de mi cuerpo, e ignoraba completamente su valor, su sabor, y su esencia, ahora me estoy desangrando.

¡TONTO COREL, TONTO! 

Como fugaz ráfaga galopaba aquel corcel en una rojiza tarde de otoño. Las hojas caían con el viento que no cesaba su melodioso cantar y el frío empezaba a hacerse dueño de todo espacio aparente entre el tenue bosque de cedros.

 

El invierno estaba próximo y el corcel no debía realizar pausa alguna, pues tan solo un respiro haría de su carrera un fracaso, y su frágil piel no soportaría algo tan fuerte como una desilusión más. Sus patas se encontraban cansadas, no por trabajar demasiado, sino por no haber trabajado en la primavera, y haber pastado todo el verano, sin embargo, era indispensable conservar la velocidad sabiendo que cada segundo estaba más cerca de su anhelada libertada. Sus pasos demandaban a gritos detenerse, sus venas brotadas se transparentaban tanto que se palpaban con facilidad, y sus ojos, en el firmamento perdidos, lloraban gotas de cristal azules y saladas como el mismo océano.

 

Mientras tanto, los lobos aguardaban sigilosos la fatiga, la recaída del animal; ¡estuvo tan cerca la fresca carne en aquella calurosa semana de agosto!... pero ahora, solo restaba aguardar pacientemente el más mínimo error, el más pequeño desnivel para poder disfrutar del jugoso banquete que desde hace 17 años esperaban con impaciencia. Sabían que estaba cerca, el corcel era claramente débil, los latidos de su corazón eran cada vez menos fuertes, y un lobo jamás permite que su presa huya sin siquiera recibir un buen escarmiento.

 

Al corcel agotado, que galopaba sin cesar, se le presentó la primera barrera. Era hielo. Hielo que apareció sin razón alguna, formando un inmenso muro azul que constaba de hermosas espinas transparentes, constituidas por una belleza inaudita, desmesurada, y resplandeciente, una belleza de muerte a la cual el corcel temía aunque estaba dispuesto a afrontarla desde hace algún tiempo. Tras ella, los lobos grises observaban con sus azules ojos aguardando la caída del corcel verde. La barrera fue difícil de superar, su belleza embaucadora hacía arduo el salto definitivo para sobrepasar el muro, y éste se veía más alto de lo que pudo llegar a ser.  Cuatro lobos mordisquearon los tobillos del corcel, y a pesar de esto, logró llegar al otro extremo del esplendoroso obstáculo.

 

Al encontrarse a salvo, después de superar tan alto y helado muro, el corcel de cansancio alucinó, y vio una pradera tan inmensa que el mismo se confundía con sus colores, sin ver como sus tobillos abundantemente sangraban, y al olvidar el dolor decidió pastar un rato. ¡Tonto corcel, tonto! la quimera lo desvió de la alerta, desconoció el peligro y los lobos ansiosos mordieron su carne, avanzando por el resto de su cuerpo hasta matarle. Al haber saboreado las vísceras frescas de corcel verde, el mayor de los lobos escupió su corazón. Los lobos, ahora más hermosos que antes, sosegadamente prosiguieron sin detenerse su antiguo camino, que llevaría tan solo a la búsqueda de otro tonto, tonto corcel.

MIL SEISCIENTOS OCHENTA Y TRES CEDROS EN EL BOSQUE

El bosque de cedros, que nunca fue concurrido por los pocos seres humanos restantes del planeta, guardaba en su interior un sinnúmero de especies fantásticas, incluyendo ciento cincuenta y dos unicornios, dos dragones blancos, uno dorado, cinco verdes, seis de color plata y uno rojo con azul.

 

En los límites del Este, se encontraban las diez y seis cuevas pertenecientes a los dragones. Eran tan grandes, que éstas formaban una barrera alrededor del bosque haciéndolo prácticamente impenetrable para cualquier ser sin poderes mágicos o simplemente sin la habilidad de volar.

 

Las espesas hojas de los árboles, hacían que los rayos del sol penetraran delicadamente el bosque,  también evitaban que se presentaran fuertes lluvias o grandes ventiscas. El amanecer y la puesta del sol eran en aquel lugar un espectáculo que todos disfrutaban, ya que las grutas de los dragones hacían las veces de grandes montañas, entre la extensa planicie de Knurtirdk.

 

La manada de lobos negros recorría el lugar. Para ser exactos, teniendo en cuenta los cachorros resultaban treinta y cuatro lobos de pelaje espeso, y ojos verdes, uno de ojos negros y cuatro con ojos grises y patas blancas. Estaban de cacería.

Sin importar la variedad de especies del bosque, para los lobos cualquier unicornio fue siempre un manjar exquisito, tal vez por la dificultad que implicaba el atrapar una de estas criaturas extraordinarias. Un camino de piedras atravesaba la mitad del bosque y conducía a un manantial azul, cálido y transparente como el cristal, donde los unicornios bebían agua a diario mientras los depredadores esperaban sigilosos el menor descuido de cualquier individuo que se encontrara en tan esplendorosa fuente cristalina.

 

Una mañana de otoño, mientras los dragones paseaban fuera del bosque, un unicornio corría desprevenido y sin darse cuenta, atravesó la vegetación que se encontraba tras el manantial. Encontró un lugar desconocido para muchos, pues una gigantesca burbuja transparente no permitía el paso de ningún individuo ajeno a la raza de los arqueros, ni siquiera otros elfos podían penetrar aquella zona. El joven unicornio empezó a explorar el lugar, y se encontró con un conjunto de plantas y otros especímenes jamás vistos en el bosque de cedros. Los lobos que seguían al unicornio de cerca, no pudieron ir más allá de la burbuja, pues ésta reapareció cuando el unicornio la atravesó, como si alguien o algo le estuviera esperando.

 

Llegó el unicornio al centro de la burbuja totalmente transparente, el suelo parecía hecho de millones de fragmentos de cristal. Era el lugar donde se encontraban las lágrimas que alguna vez habían sido derramadas con inconmensurable tristeza y hoy ya no significaban nada.  Tropezó con un extraño anciano y trató de hablarle pero éste tan solo repetía sin cesar las mismas palabras que tiempo atrás susurró al oído de una criatura alada. Los cristales son recogidos por los fragmentos de tiempo que vienen y van, y los traen aquí, a esta llanura del olvido que definitivamente nadie recuerda. El unicornio aterrado por la extraña mirada y las palabras del anciano, salió despavorido y mientras corría, tropezó con un cristal esplendoroso. Era una lágrima, como todos los demás pedazos que cubrían el suelo, pero en su interior se hallaba un singular y a la vez hermoso color amarillo con naranja. El unicornio la recogió y continuó huyendo, en búsqueda de su manada.  Aunque se lastimó con la burbuja al querer salir, con su cuerno penetró sin temor alguno esta barrera que como era de esperarse, se cerro inmediatamente después del paso del animal.

 

Cuando logró por fin volver a casa, cayó profundamente dormido pues se hallaba totalmente exhausto, y a la mañana siguiente, al hablar de su aventura, sus compañeros rieron afirmándole que todo había sido un simple sueño. Sin embargo, el joven unicornio aún poseía aquella extraordinaria lágrima, la cuál guardó en una caja conformada por espejos como si fuese un importante tesoro.

 

Después de unos días, los dragones volvieron al bosque; siempre se tardaban unas semanas, pues por su gran tamaño, en sus paseos prácticamente alcanzaban a recorrer la mitad del mundo, y mientras todos descansaban, el joven unicornio salió de nuevo en búsqueda de aventuras sin saber realmente cuán peligroso podía llegar a ser. Permaneció dos días fuera de casa, tratando de volver al lugar de la burbuja transparente pero nunca pudo encontrarlo, lo cuál no impidió que la manada de treinta y nueve lobos lo encontrara a él.

Al aproximarse el ocaso, el unicornio se acercó a un riachuelo que nacía del manantial a beber  un poco de agua. Mientras lo hacía, los lobos de patas blancas y ojos grises aparecieron por los costados del sector, los otros treinta y cuatro se dividieron en dos grupos, adelante y detrás del animal, y el lobo de ojos negros que lideraba desde el centro, se encontraba listo para dar el último paso. En ese momento, una lágrima brotó de los ojos del unicornio, era la lágrima que guardaba en la caja de espejos, y cuando ésta tocó el suelo, se fracturó en quinientos cuarenta y siete pedazos. Surgió de su interior un espectro amarillo con naranja que envolvió lenta y cariñosamente al unicornio, y en el momento en que el lobo de ojos negros saltó sobre ellos, juntos unicornio y espectro desaparecieron del bosque de cedros, mientras en otro bosque, uno de pinos tal vez, renacía una pequeña mortal amarilla con naranja que años atrás había muerto, cuando la última lágrima de una criatura alada fue derramada.

TINTA PARA HISTORIAS DE AMOR

Ella emitió un sordo grito de dolor. Aquella carta solo tenía palabras que expresaban pena, una aflicción indescriptible, una pesadumbre que nunca ningún mortal había sentido antes de aquel suceso.

Las plumas delicadamente caían mientras la lluvia se deslizaba dócilmente por la piel impregnada de polvo azul. El cielo nebuloso no mostraba ni al mayor de sus astros, y todo parecía indicar que se aproximaba una tempestad: el ala izquierda sangraba.

 

El otro lado estaba en perfectas condiciones. Aunque sus colores eran opacos, de lejos se podía percibir un gris pálido envolviendo cada una de sus plumas. Era imposible levantar el vuelo con tan solo un ala. Una pluma del ala derecha, fue arrancada.

 

Sus ojos color violeta tenían un brillo inconfundible, era el brillo que proporcionaban las lágrimas que ella trataba de tragar inútilmente, pues tarde o temprano habrían de ser liberadas para dar vida a una tormenta de sal.

 

Las otras extremidades, de las cuales también gozamos nosotros, los mortales, estaban bastante  maltratadas: la pierna derecha, se hallaba debajo de varias piedras, el muslo se encontraba dolorido y probablemente desgarrado. La otra pierna se encontraba fracturada, el brazo derecho estaba inmóvil, y el brazo izquierdo, correspondiente al ala malherida se encontraba lacerado.  Sangraba sin cesar ; así que de este lado, salió la tinta.

Una herida abierta palpitaba en las entrañas del escritor, una pena de amor causaba el sufrimiento y una despedida entre arena, mar y cielo provocaba la desdicha del mortal azul noche.

Después de un rato la primera lágrima del ángel se derramo, desatando la más terrible tormenta. Varios mortales perecieron en la tempestad, pero todo quedé escrito. Parece que valió la pena.

MUERTE DE LA MORTAL AMARILLA CON NARANJA

 Los ángeles derramaron dulces lágrimas de cristal al ser anunciada la muerte de la mortal amarilla con naranja. ¿Cómo pudo ser tan cruel el destino, para permitir que aquel veneno líquido penetrara lentamente sus entrañas sin dejar rastro alguno, y causar tal atrocidad ?  Los arcángeles culparon a los seres de plata, los demonios a las estatuas de oro y los mortales se culparon a si mismos juzgándose entre ellos, como suelen hacer.

 

Pasaron los días y el olvido ya se había apoderado de todos, pero el olor a negro y vino tinto aún rondaba el lugar. Tan solo una criatura alada, con ambos miembros destrozados y la mirada perdida, se preguntaba cómo fue posible que esto pasara, lamentando ser un lejano espectador y no poder hacer nada en lo absoluto. ¿Era acaso tan sencillo dejar pasar todo recuerdo y no determinar por el resto de la eternidad el sufrimiento padecido por aquel ser amarillo con naranja ? ¿era pues así de fácil, recoger los trozos de cristal desparramados en el suelo a cuadros, y olvidar la razón de su existencia ?

 

Afligido por las circunstancias, la criatura alada, cuyas alas perdían lentamente cada una de sus plumas, emprendió un arduo camino, pues esas lágrimas no podían desvanecerse en el espacio, y partió decidido a encontrarlas.

 

Durante meses viajó por montes helados, por inmensos desiertos, por húmedas selvas y oscuros pantanos, hasta que un sombrío día de noviembre, llegó a su destino, encontrando lo que tanto había buscado.

 

Se encontraba la criatura alada, en una llanura cubierta de pequeños trozos de cristal. Por un momento la felicidad invadió su corazón, al pensar que todas esas lágrimas no habían caído en vano, que los recuerdos existían y que una voz gritaría de dolor para hacer reaccionar los corazones gracias a esa llanura inundada de memorias, hasta escuchar una lejana voz que le dijo:

 “ya ves, ya ves, por acá todo se olvida y por eso ves lo que ves. Los cristales son recogidos por los fragmentos de tiempo que vienen y van, y los traen aquí, a esta llanura del olvido que definitivamente nadie recuerda.”

 

Al día siguiente, la última pluma de las alas de la criatura cayó. Ella derramó una dulce lágrima de cristal, vio pasar una pequeña brisa y así, se dispuso a olvidar.

 

Fue en ese preciso instante, en el que la mortal amarilla con naranja, realmente murió.

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EL ÁNGEL DE LA GUARDA

Paseaba por el más hermoso de los jardines en una tarde de primavera. No pensaba en nada, simplemente admiraba la belleza del lugar y cantaba una canción que nunca nadie podrá oír, y mucho menos recordar.

 

Empezó de pronto a notar, que en el sur oeste miles de partículas blancas estaban cayendo. Empezó entonces a correr en dirección a  aquel lugar.

 

Mientras corría, se preguntaba qué podría ser dicha precipitación, pues el invierno había terminado varias semanas atrás y tanto polvo no era propio de un sitio como su precioso jardín.

 

Al llegar, encontró a un ángel enredado en un árbol, que se sacudía bruscamente intentando liberarse pero lo único que había logrado, era desprender de sus alas todas y cada una de sus plumas.

 

Ya sin plumas en las alas, el ángel logró descender violentamente, golpeándose bastante fuerte la espalda.  Le preguntó si podía ayudarle en algo. El ángel simplemente se levantó mal herido y caminando con dificultad, se marchó.

 

Después de un par de días, el ángel que se había refugiado en un viejo árbol seco del jardín, no generaba sonido alguno. Había seguido los rastros de sangre que dejó el ángel sobre el prado, llevó junto al árbol comida y agua. Después de unas horas, vio que esto ya no estaba así que probablemente el ángel seguía con vida, pues los demás animales que vivían en el jardín eran muy pequeños para comer la cantidad de alimento que había dejado frente al árbol.

 

Al anochecer, el ángel asomó la cabeza por un pequeño orificio y vio como dormía junto al árbol, como si le estuviera cuidando.

 

Al siguiente día, el ángel decidió salir, y encontró junto al su refugio, todas las plumas que había perdido, tratando de formar un par de alas, en ese momento sus ojos se aguaron y al verlo lo abrazó y le dijo : “ ¡perdóname! Se supone que soy yo tu ángel guardián y mira! todo este tiempo haz sido tu quien me ha cuidado!” Él sonrió y le respondió : “no hay problema, los que cuidamos siempre tenemos buenas suerte, permíteme ser hoy tu guardián” El ángel limpió sus lágrimas, recogió sus plumas y se despidió. “Te prometo que siempre serás parte de mi” le dijo dulcemente y partió hacia el cielo. Aunque sabía que tendría que encarnarse en una mortal amarilla con naranja para seguir viviendo, tenía la certeza de llevar consigo un amigo, y un guardián.

LA REVELACIÓN DEL ÁNGEL

Sus ojos eran del color del ámbar, mezclado con unas pequeñísimas manchas verde olivo. Su piel era color canela y su pelo castaño oscuro, prácticamente negro.

 

Se encontraba sentado en una pradera admirando un atardecer casi tan hermoso como él.

 

Ella estaba estupefacta con su presencia, pero no por su aspecto físico, si no por la energía que rodeaba su ser, ese color dorado que lo envolvía cada instante.

 

Lo observaba sigilosamente oculta tras un sauce, el invierno estaba a punto de comenzar.

 

Las hojas tapizaban el suelo, así que era difícil desplazarse por aquel lugar sin realizar ninguna clase de ruido, razón por la cuál ella tuvo que seguirlo guardando una distancia prudente pues si él se daba cuenta de que alguien le seguía, probablemente trataría de encubrir su verdadera identidad.

 

El primer lugar que visitó fue un café, y su sonrisa era algo inaudito. Ella nunca antes vio algo similar, con tanta pureza, tan resplandeciente, un solo minúsculo movimiento de labios prácticamente iluminaba el lugar.

 

Luego se dirigieron hacia un cuarto pequeño, con la luz tenue y un piano en el medio: él empezó a tocar. La música era definitivamente celestial. Sus manos parecían plumas deslizándose sutilmente por las teclas, su música era un bálsamo consolador que acariciaba las entrañas. Cada sonido le erizaba la piel, le hacía sentir que su respiración se congelaba, y al mismo la inundaba de una tremenda calidez. No existía duda alguna, aquel ser era algo divino.

 

Pasaron unas cuantas horas, y ella lo siguió hasta su hogar. Allí él se recostó suavemente sobre su lecho, y cayó en un profundo sueño.

 

Al día siguiente, temprano en la mañana una mujer entró en la habitación de aquel ser empíreo, y se rompió en lágrimas. Ella, la mortal de color vino tinto observaba a través de la ventana como él le limpiaba a la mujer sus lágrimas cariñosamente, y al decirle unas cuantas palabras, la hizo sonreír.

 

En aquel instante, él vio a la mortal, pero ésta fingió estar de paso, y él no le prestó mayor atención.

 

Al salir de la casa, ella se descuidó, y el sonido de las hojas secas en el suelo hicieron que él se volteara y la descubriera  de nuevo interrumpiendo su intimidad. Se miraron, y ella avergonzada bajó la cabeza y no supo que decir. Él le pregunto curiosamente el por qué de su persecución, y ella le respondió : “perdone si le he incomodado, pero es que creo o mejor dicho, estoy segura de que es usted un ángel” él sonrió tiernamente y le susurró al oído : “querida, siento decepcionarla, pero los ángeles no existen”. 

Siguieron por caminos separados y nunca se volvieron a ver. Solo en la música ella lo recordaría por siempre, a pesar de que él nunca se inmutó con su observación embelesada y su gélida respiración.  

La verdad Desnuda

Viendo fotos de hace 20 años, siempre pensaba, ¡que linda era! ¡qué delgada estaba!

Cuando recuerdo la época en la que conocí a mi esposo, quien me parece un hombre bastante atractivo, pensaba “que guapa pareja fuimos” y si, entiendo la fuerza del pensamiento, y la necesidad de afirmarse uno como alguien bello, pero la verdad es que yo, no me sentía bella. Hay días que veo mi cara linda, pero con los kilos de más y los años, mis cachetes ya se interponen entre la tersura de mi piel y las primeras arrugas que se quieren asomar. Entonces, entre las fotos y los recuerdos, empecé a recordar, que alguna vez había tomado unas fotos de mi gordura para registrarla (no sé qué las habré hecho, pues siempre he tomado muchas fotos como parte de mi carrera como artista) y quise recordar cuantos años tendría en ese entonces y le calculé unos 23.

 

Y viéndome a esa edad, y pensando “cómo era de linda”, caí en cuenta de una tremenda realidad: nunca, NUNCA he estado satisfecha con mi cuerpo. Ni siquiera cuando era delgada y tenía piel de quinceañera. Siempre había pensado que me sobra por acá cuando me aprieta el pantalón, que me falta por aquí para llenar el escote del vestido, que me hicieron falta 5 centímetros, que sobra y que falta, que me falta y que me sobra… Entonces si antes no era feliz, como que a un par de escalones de los 40, la situación estaba más compleja todavía.  

 

Por ese entonces, estuve en un Ashram con muchas otras mujeres con quienes compartí este espacio y este momento. La menor de ellas tenía unos 23 años, la mayor unos 60. El promedio de edad de la mayoría, oscilaba entre los 40 y 50 años.

 

El mágico Ashram de Santiago de Chile, estaba situado junto a un río que pasaba por dos lados diferentes del lugar, un rio precioso, sumamente limpio y sinceramente, con una energía maravillosa. En los retiros, el río de la izquierda lo utilizan para bañarse los hombres y el río de la izquierda las mujeres. También existe la posibilidad de bañarse en las duchas, pero el río tiene una magia, una paz que es difícil no querer entrar en él.  

 

El primer día, entre todos se realizó una limpieza de ramas y palos y quedamos con muchas ganas de bañarnos allí. Llegó la mañana siguiente y la hora del baño. Llegué con todas mis útiles de aseo y me encontré con un montón de mujeres desnudas, bañándose, tomando el sol, peinándose y conversando. La sensación de miedo infinito se apoderó de mí.

 

Y entonces viene el tremendo reto de quitarse la ropa delante de 20 mujeres que apenas conoces. ¿Será que no voy a ser capaz?  Pues respiré profundamente y sin que nadie se diera cuenta del terror que me recorría de arriba abajo, ¡pues me empeloté y me metí al río!. Salí, me sequé y me vestí… ¡prueba superada!

 

Fueron 10 días de rutina, y cada día el baño se convirtió en un evento más natural. Al final del retiro ya estaba conversando y asoleándome en esos 40 minutos que dura el momento del baño sin pensar en la desnudez de mi piel.

 

Ya al final de la semana, dentro de la naturalidad de la rutina, llegué a las siguientes conclusiones: La primera es que no estaba tan gorda como pensaba. La segunda, que todas las mujeres con quienes convivo a diario son iguales a mí. Las que somos madres con nuestras estrías, ninguna, incluida la más joven (que es una chica muy linda y tiene un cuerpo precioso) ninguna tiene senos redondos como naranjas ni nalgas como melones. La belleza de todas las mujeres naturalmente se podía ver.

 

El problema es que como no nos vemos entre las mujeres reales, nos quedamos con las referencias de las tetas que vemos en la televisión y los culos maquillados de las fotos publicitarias. Deberíamos taparnos menos y dejar tanto pudor, porque la referencia de cuerpo que estamos creando en nuestro imaginario colectivo no es real. Claramente estos estándares que tienden más ser un porcentaje bajo entre las mujeres que uno conoce (si no me cree súbase a un Transmilenio) se terminan comiendo el autoestima femenino, porque es un estándar muy difícil de cumplir. Nos hace falta ver más piel con poros abiertos, más barrigas naturales, más estrías de madre, más tetas agachadas y con todo tipo de formas, más cuerpos saludables y realmente hermosos.

 

Pero nos enseñaron a avergonzarnos de nuestra desnudez y la privacidad se transformó en secreto y lo natural en prohibido. Entonces ¿cómo vamos a hacer para querernos más, así como nos tocó ser?

 

Inevitablemente mientras navego en internet, paso por avisos publicitarios donde mujeres hermosas suben sus senos con brasieres o pegamentos especiales, y muestran el después como una victoria absoluta cuando la belleza real estaba en el antes, pero nos acostumbraron a buscar la belleza en el estándar pornográfico del placer irreal.

 

El antes con la cara real y el después con los filtros para subir los tonos de la piel, suavizarla y agrandar los ojos. De repente todos queremos ser dibujos animados. A veces me detengo a mirar estas publicidades y sencillamente veo niñas muy bonitas que se transforman en dibujitos irreales para quedar como foto de revista.

 

Pero más allá de pensar si es bueno o malo maquillar las fotos, ponerse tetas y operarse la cintura, que puede ser completamente válido porque cada quien puede hacer lo que se le de gana con su cuerpo, su plata y su tiempo, lo que yo viví fue una fractura al autoestima porque nunca me parecía al modelo de belleza que conocí, pero me place iniciar un recorrido hacia la salud y aceptación de este cuerpo que tengo hoy, así como es hoy.

De vez en cuando.

Abril 1 / 01

 

La oscuridad de la noche rodeaba su cuerpo y su alma... sobre todo su alma. La sangre que una vez  corrió por sus venas escapó por su cabeza para recorrer su cara y caer al suelo o simplemente reposar en su vestido de color azul.

 

La deliciosa sangre que recorría el lugar, llevaba consigo los últimos pedazos de corazón que quedaron de tremendo rompimiento. Era claro que el sueño faltaría, sin embargo, ella estaba allí, sin derramar una sola gota de sangre por que su cuerpo desde hace años ya no llevaba tan precioso fluido dentro, todo había sido derramado ya.

 

Se levantó dirigiéndose hacia su habitación y cayó desplomada sobre su lecho con los ojos tan vacíos como dos lagos secos por el sol, ya no había alma que mostrar, ya no había ser dentro de tal cuerpo.

 

Ahí, reposando sobre blancas sábanas, dispuesto a conciliar el sueño, el cuerpo perdió la vida y aún así, a la mañana siguiente ella se levantó para pretender vivir un día más.

 

Abril 5 /01

 

Ese día el dolor ya no se sentía, realmente aquel cuerpo no sentía nada, había muerto de dolor sin derecho a resurrección alguna, pero al menos ya la terrible pena había cesado.

 

El día transcurrió como cualquier otro, y así pasaron millones de días, pero ella ni lo notaba. El tiempo simplemente corría como la sangre alguna vez lo había hecho dentro de su cuerpo. Sus ojos veían, y sus oídos escuchaban, pero definitivamente ya no sentía la ausencia de los verdugos que tanto amó... al parecer ni siquiera recordaba.

 

Caminaba entre la soledad que acostumbraba y llegó a casa sin ser esperada por nadie, traspaso la puerta sin ser besada, y se desplomó una noche más sobre su lecho, pero sin derramar una sola lágrima por las sombras que antes atormentaban su sueño con recuerdos de mil amores entre sus tumbas con sus cadenas y sus sonrisas y sus caricias, su compañía... Tampoco ella soñaba ahora. 

 

Abril 9 /01

 

Estática y pálida como un limón, gotas de agua suavemente golpeaban su ventana sin ser hermoso, era simplemente agua cayendo del cielo. El cuerpo inerte no conciliaba el sueño, la mujer simplemente estaba allí, esperando que pasara el tiempo entre ausencias dolores y llantos que desde el 1 de Abril ya no existían... existiría ella ?

 

Otros cuerpos la veían pasar, pero ya ni siquiera cuando ella tropezaba le veían quejarse, quién imaginaría que veían a un muerto en vida.

 

El teléfono sonó varias veces, pero ella no tenía interés alguno en hablar con alguien, desde hace varios días no pronunciaba palabra ni emitía ninguna clase de sonido. Unas horas después llamaron a la puerta, ella no abrió.

 

Un ser que la amaba profundamente forzó la puerta, entro en su habitación, la tomó entre sus brazos y la besó, pero ella ya no sentía no dio respuesta alguna y él la dejo reposando inmóvil sobre su lecho y se marchó.   

 

Octubre 21 /02

 

Así siguieron pasando los días, y uno de ellos, llegó a sus brazos un pequeño ser. El era tan hermoso... pero ella nunca lo notó. El se marchó, pero volvió después de algunos meses para besarla a diario, esperar ansiosamente sus llegadas y abrazar su corazón... en caso de que tuviera tal órgano todavía.

 

Siguieron pasando los días en que ella yacía inerte sobre su lecho, pálida, insensible, con sus ojos y sus venas vacías. Hasta una mañana, que sin razón alguna despertó después de haber tenido un sueño, había soñado después de tanto tiempo! pero inevitablemente el momento de abrir sus ojos, el más terrible dolor la traspasó como una estaca helada, como una daga penetrando su carne y sintiendo tanto dolor, deseó seguir muerta, pero fue imposible. Ahora los días pasaban, y ella continuaba vacía, sin sangre que corriera por su cuerpo, pero era besada por dos amantes, esperada ansiosamente por uno de ellos y pensada constantemente por el otro...

 

No era tal ingratitud, simplemente al dejar la muerte a un lado, sin aceptar la vida sin sus muertos, ella seguía estando encadenada a la tumba de sus amores y sentía el más terrible dolor, además sabía que por más amor que le dieran sus amantes, ella moriría de nuevo cuando muriesen sus amores como siempre sucedió. Simplemente cargaba en sus entrañas tanto dolor, que el hecho de poder sentir más pena aún, para morir de nuevo ya era suficiente sufrimiento para matar a cualquier mortal con alma, sangre, vida y corazón, pero ella carecía de estas cuatro cualidades, así que esa tarde volvió a su lecho y se recostó, pero ya su sueño no estaba vacío, ahora se encontraba lleno de dolor.

 

 

  

Octubre 26 /02

 

Un domingo soleado y lluvioso, se vio envuelta por una terrible soledad. Era uno de los sentimientos que ella más detestaba.  Odiaba todo. Ella aunque nunca pudo morir, estaba ya totalmente podrida. Ese día pareció eterno, nunca se iba a acabar... es más, quien sabe si algún día se terminó.

 

Septiembre 6 /03

 

Había pasado tanto tiempo, que ella, volvió a sentir momentáneamente algo de felicidad, pero esto solo era peor. Era recordar lo que no tenía, lo que jamás perduraría. Sentir era su maldición. Cada vez que se encontraba sumida en soledad, recordaba sus amores, sus dolores y a sus amantes, sabiendo que algún día la dejarían podrida, sufriendo sola. No podía engañarse, nada ni nadie nunca, la haría sentirse mejor. 

 

Marzo 31/05

 

Entonces se despertó, o mejor dicho, la despertaron. Con una bofetada, o tal vez una caricia, no lo sé, pero le dolió. En lo más profundo de su corazón, o más bien, en el centro de su ego… pero se despertó. Más viva que nunca, más viva que en años, sintiendo con sus cinco sentidos que más bien parecen veinte, sintiendo cada poro de su cuerpo cada cicatriz, cada herida, cada amor, cada felicidad. Sintiendo como un ser vivo sintiendo con todo el cuerpo, sintiendo con toda el alma, dispuesta a vivir y a seguir sintiendo.

 

La sangre siempre estuvo ahí, seca, podrida, roja, reluciente, hermosa, dorada, brillante, ahora la lleva en cada una de sus células, está llena de sangre. Sangre adolorida, herida, curada y hoy ante todo, dispuesta.

 

Abril 24 / 05

 

Y le pide confianza cuando aún no puede confiar en si misma. Le ofrece paciencia cuando el afán de la vida cotidiana no le deja respirar. Y lo mejor es que se la da. Se la da y enloquece, y siente, por cada poro, siente el sol, siente la lluvia y cómo lo siente a él… a él y a su cuerpo, se permitió hacer un poquito lo que quiere hacer.

Y ahí está, el dilema flotante entre la vida que aparece y desaparece, la constancia de lo inconstante, la luz a lo lejos en la oscuridad.

Y sin saber que busca para de buscar, y empieza a buscar de nuevo y para de buscar. Y se duerme y sueña y se despierta y se encuentra ansiosa. No ha podido encontrar la calma.

 

Mayo 1 / 05

 

 El miedo la consume y el dolor la penetra y le da más miedo porque conoce el dolor y sabe que no es nada, sabe cómo puede doler cada vez más, desgarrarle sin matarla manteniéndole despierta para sentirlo en cada poro de la piel.  Le domina y le rasga las entrañas, le paraliza. Los extremos que conducen a la inercia… le tiene miedo, pánico porque no sabe manejar tanto sentimiento. Esto de estar vivo y sentir, sentir y  sentir puede ser tan grande que se sale del cuerpo y atraviesa todo tipo de portales. Ya no sabe ni lo que escribe. Se pierde la claridad, se oculta la luz y solo queda la oscuridad apoderada del cuerpo y esa inercia… falta movimiento.

 

 

Mayo 8 / 05

 

Una vez más, el cuerpo dominándolo todo aturde toda posibilidad de cualquier tranquilidad. Cómo se atrevió aquel ser a despertar un cuerpo que fue cadáver durante tantos años? Un cuerpo que ya no sentía nada ahora tiene que afrontar nuevamente cada sensación que desgarra su piel, hirviendo su sangre que burbujea dentro de su cuerpo y tan solo señala la salida, la liberación. Una bofetada o una caricia, nunca podrá saberlo, pero la sangre nuevamente empezó a recorrer el cuerpo penetrando cada poro de la manera más dolorosa posible trae consigo la dicha de la vida, la sensación de un nacimiento doloroso y hermoso. Solo se preguntó si no habrá sido algo prematuro, porque se siente desnuda y fría, llorando como por primera vez.

 

Mayo 11 /05

 

Entre tanto sentir después de la inercia,  la mente del cuerpo viva nuevamente parece reaccionar ante tanta experiencia. Quiere tomar el control para alcanzar la verdadera liberación, pero el sentimiento no la deja, porque se confunde entre lo borroso de los recuerdos y el sabor de la sangre podrida que todavía esta latente en las papilas de su lengua.

 

Mayo 15 /05

Pero por qué? De repente el sol brillaba bajo la lluvia, la hermosura de un día gris penetraba su mirada, y llenaba sus poros de calor. Había nacido ya por fin. Ya respiraba nuevamente, acostumbrada a la tibieza de la tierra. Hacía años ella  no sentía, pero ahora, estaba sintiendo amor. Amor! Ella nunca antes había sentido amor, y se daba cuenta precisamente ahora. Todo su dolor no alcanzaba para equilibrar su dicha. Cuando creyó amar a sus verdugos entre las sombras y las cadenas, entre la muerte y sangre fuera de lugar, no sabía, ni se podía imaginar que era ella su único verdugo real. ¿De donde habría salido aquella luz tan brillante que hoy le mostraba el camino con claridad? ¿de Dios? Tal vez. Hoy ella ama. A quién? A la mujer más hermosa de todas. A la que dormía, a la que siente, a la que ve, escucha, huele, gusta y percibe. Ese amor es para ella ahora. Acompañada de una caricia sí, pero su soledad nunca fue más feliz. Vaya pues, que bello y nublado domingo de Mayo.

 


Mayo 16 / 05

 

Entonces una vez más le abofetean o le acarician… no lo ha podido descifrar. Es acaso entonces una ilusión el sentimiento de amor que lleva dentro? Imposible. Sus entrañas lo saben. Quién es él para pretender saberlo todo cuando no sabe lo que es vivir dentro de un cadáver putrefacto y maloliente. Nadie lo sabe. Solo ella. Así mismo, ella no sabe nada de sabiduría. Cómo podría? Si apenas acaba de nacer.

Con la cabeza en alto pasará otro día de vida.

 

 

Mayo 21 / 05

De repente todo parecía un cuento de hadas y sin embargo, ella sabía que no lo era. Su cuerpo todavía sentía dolores viejos y ahora sentía algunos nuevos, más se encontraba completamente desnuda con el corazón afuera del pecho, sintiendo.

Una vez más la lluvia fue hermosa, cada gota que rozó su piel se deslizó mientras ella sentía el placentero frío recorriendo su cuerpo.

Y por fin dominando tanto sentir duerme tranquila y sueña.

Lo más importante es que ella sabe que no vive en cuento de hadas. Que estos no existen a menos que los haga reales y lo sean por un instante y luego dejen de ser para serlo para siempre.

No necesita nada más. No espera nada más, y cada día es un milagro, cada beso un regalo, y cada mirada una eternidad. Así despierta en las mañanas a vivir otro día, un día que traerá la belleza de la vida y ella la podrá respirar. 

 

Agosto 18 / 05

 

Y hoy, se siente triste. Tan triste que podría permanecer sumida en una sola lágrima, pero hoy, la tristeza es un sentimiento hermoso. La podredumbre fue removida con sutileza y hasta su piel respira la belleza de la tristeza, la tristeza del amor. Falta mucho por aprender. 

 

 

Septiembre 4 / 05

 

La tristeza  incesante se posa sobre las heridas tan profundas, tan abiertas, tan inmensas… y causando un ardor inconfundible nuevamente hacen que se genere el fluido de la putrefacción. La limpieza es dolorosa y ella se intenta limpiar. A veces lo logra, a veces no. Hay días en que se consume por el dolor, aunque sabe que la fuerza alcanza para pararse y seguir limpiando las heridas hasta el día en que sean recuerdos, cicatrices que ya no causen dolor.

 

Por qué sin embargo busca ella alguien que envuelva su corazón en una cajita de terciopelo y lo acaricie de por vida?  Si tan solo ella puede acoger su corazón y protegerlo, nadie más lo hará. Las sensaciones han vuelto, ella no recordaba ya lo que era un pena de amor, ese dolor tan hermoso esa tristeza tan pura, por sus mejillas se deslizan lágrimas transparentes, cada gota de sal que derrama por su amor generando un suave dolor en el alma, creando nuevas heridas que quizá puedan sanar rápidamente, mientras sus otros dolores no se desplacen y cada gota de sangre que llora entre sus sábanas se seque sin enredarse entre las nuevas heridas de su corazón.  

 

 

Noviembre 20 / 05

 

Se terminó la ilusión. De vuelta  la realidad donde la limpieza es real, el dolor también lo es. Y de limpiar tan hondo, se encuentra que en el fondo todo sigue podrido, inmundo, huele a hediondez. Y una vez más el monstruo se apodera de su ser y ella sumisa obedece y se entrega al dolor. Sin embargo, está vez ella conoce la luz. Es más, está protegida por un guerrero al que ella misma trata de matar en los momentos más oscuros, porque ella sabe lo que le hace bien, y en la oscuridad lo quiere destruir pero en la realidad, donde la luz que ha visto es tan brillante que ya nada la puede esconder. Ella lucha y sigue adelante así la oscuridad la envuelva, así el olor de la porquería de su interior sea tan fuerte, así hiera lo que más quiere, ella ya sabe que solo hay una dirección en a cuál caminar.

 

Noviembre 27 / 05

 

Y caminando por la nebulosa vida, el corazón se le enreda en el espesor de las ramas que crecen a su alrededor. A veces parece todo tan fácil, y otras veces parece todo imposible. La dualidad solo representa como caminar el camino, quejándose de las heridas o soportando su dolor esperando pacientemente porque no hay duda, las heridas se han de curar.

 

Julio 19 / 06

 

Cada vez que ella pensó estar sana, erró. Las heridas son más profundas de lo que parecen y son un largo camino que recorrer.

Y cada día ve más clara la luz. Y a cada instante reconoce el poder que le protege, el monstruo ha sido decapitado, aunque ella insiste en ser su propio verdugo y de cuando en cuando apaga las luces para sumirse en la oscuridad… es el residuo de la inmundicia que vivió en ella por tantos años, es el ancla que aún no ha querido salir y le talla… y le talla…

Cada vez es más corto el período de oscuridad, y cada vez que sale de aquel túnel asqueroso, se hace más fuerte, y sigue teniendo tanto en que trabajar!

Entonces las flores poseen otro significado al igual que las caricias y los besos. La gratitud es inmensa cuando él la toma entre sus brazos porque es inevitable, ella se siente tan bien, tan feliz… pero sabe que aunque su amante le trae luz, y le da vida plena y encaminada hacia la pureza cristalina de su espíritu, los mortales somos eso y nada más, mientras que los eterno es y será y nunca le abandona.

Es esa luz divina que en las batallas contra la oscuridad se ha hecho presente le permite respirar cada día y sentir la felicidad plena de cada instante.

 

Diciembre 6 / 07

 

Y quien lo diría, después de tanto esfuerzo, por fin la podredumbre drenó y la luz se hizo más grande, y la hace más fuerte a cada instante y al desaparecer un monstruo, aparece uno nuevo que viene detrás pero es más chico, o tal vez ella es más grande y así continúa la lucha  interminable aparentemente porque ahora todo es posible.

 

Y una vez más, su corazón se rompe en mil pedazos porque su amante que se convirtió en su amado la hace a un lado, la cree un estorbo, la ata y la manipula pero ella ya no es una muñeca para jugar.

 

Ella lo siente con cada poro que ha destapado, lo siente con toda el alma, con todo el ser y sabe que él lo hace porque aún no se ha dado cuenta de quién es realmente. En cambio ella lo sabe tan bien, que le duele verlo irse a donde ella no podrá seguirlo; más al saber que eso le hará bien, ella lo suelta con una caricia en la barbilla y le dice adiós para poder morir como algo hermoso, morir para renacer como un fénix entre el canto y la ceniza de lo una vez se pensó era amor, a las puertas de la inmensidad y su verdadero significado.

 

Junio 16 / 08

 

Han pasado tantas cosas… su vida ha sido marcada con el poder de la divinidad que toca a su puerta cegándola y amarrándola a se destino. Tiene una misión, es alguien ahora. Tanto sufrimiento no era más que la ilusión, la prueba para ser más fuerte. Pero aún la fuerza no es la suficiente. ¿Vale la pena permitir que un amante o un amado o quien sea se interponga entre ella y su realidad? Como no es así, su corazón se pregunta por qué entonces duele tanto.

La podredumbre se fue, lo asqueroso hace tiempo que fue drenado. Pero abrir las puertas a la debilidad es igual que abrir las piernas a un hombre. Y seducida por el placer de la melancolía da una vuelta de fin de semana por el infierno, y ahora paga el precio de su desviación.

El infierno cautiva, envuelve, domina. Es él entonces aliado del demonio? O simplemente es ella el diablo y niega a asumir las consecuencias… En todo caso si es ella el diablo, es ella Dios y todo es cuestión de ponerse de pie sobre el lado correcto de la balanza, por eso ella se prepara para mañana, en su cumpleaños, recibir su bendición.

 

Febrero 15 de 2012

 

Han pasado cuatro años desde la última anotación. Entre luces y sombras, ángeles y demonios, emperadores y dioses, las realidades han cambiado tanto que la única conclusión posible es buscar cuántas realidades existen.    

 

La mente conoce el poder de sí misma y se entrega a la luminosa felicidad, mientras la bestia inmortal se retuerce dentro de sí misma con la esperanza de volver a tomar forma humana en alguna oportunidad, sin saber que se le ha atado con un sello de pentagrama imposible de desatar. Y sin embargo sus rezagos penetran en alma cuando la nobleza parte hacia la segunda realidad, y los sentidos se encargan de traer el egoísmo y la necesidad de cariño para activar las sombras de la bestia enredándose con la melancolía y el llanto del corazón.

 

Y sin embargo el sello sagrado no permite ya demonios, y la espada firme corta cabezas impidiendo la entrada de cualquier mal, así que hoy, aférrome al canto celestial de mis arcángeles y con la fuerza que tiene el brazo que porta la espada, rasgo mi ropa y rompo un par de cadenas, marchando firmemente en dirección al castillo de mi Rey.

 

Junio 7 de 2013

 

Esta mañana, otra ilusión amaneció ahogada entre su propia sangre, muerta. Y ¿qué es la muerte sino una ilusión adicional?

 

No termina la alucinación de la vida, del cuerpo encarnado que tengo sometido al demonio irreal de la sensación y la responsabilidad. Sin saber exactamente el significado de las palabras, el sello del pentagrama se empolva al no ser limpiado como se indicó, y la bestia lo siente, lo sabe, y aunque no puede hacer nada porque la fuerza de la estrella es mayor a la debilidad humana, se regocija bebiendo la sangre de las ilusiones, hace arder las cicatrices y su sombra toma forma humana en la caverna de la que no puedo salir por mi propia debilidad.

 

Febrero 17 de 2015 y Marzo de 2017

 

Cuanta sensación agobia mi caminar, he sido esclava de mis sentidos. Y han venido a liberarme de las cadenas, me han ofrecido vivir en el cielo, yo he aceptado pero no  he logrado llegar al castillo de mi Rey. Estoy caminando hacia Él. Estoy despojándome de mi carne putrefacta porque al castillo debo llevar carne limpia. Pero está pegada, seca, aferrada como el parásito a su huésped, alimentándose de cada error, cada tropiezo. Las estatuas gigantes se posan sobre los montes naranja de hojas secas y las pequeñas cerezas rojas se desvanecen en la tierra para transformarse en polvo que es y se convertirá. Sin embargo, imponentes figuras se mantienen invisibles a pesar de su inmensidad, inaudibles a pesar de sus devastadores sollozos; y el perfume celestial está opacado por el hedor de miles de poros que supuran las toxicidades del aire y el agua estancadas dentro de tantos seres, por tanto tiempo.  Siento que no puedo más. Los gritos incesantes en mi cabeza, el ardor en la piel desgastada de tanto rosar el piso, la pesadez de la voz cansada de tanto gritar.

 

Noviembre de 2022

 

Que montaña rusa de emociones y enigmas. No solo me sentí morir, si no me sentí muerta, y percibí la ilusión de la sangre y el hedor de la putrefacción. Pero sintiendo también el bálsamo consolador de la luz del sol que no es solar sino una representación de la inmensidad, me he levantado una vez más. Cuan misteriosa es la mente humana y la memoria del espíritu a través de la veladura de las vidas. He conseguido la humildad para pedir asistencia de la inmensidad para poder comprender y levantarme nuevamente. La sangre es una ilusión, y los aromas códigos asignados por reacciones que una y otra vez son manipuladas por el maya efímero de la carne. Desde lo alto, he recibido información sobre cadenas de otras luces, que han atado mis sentidos y vendado mis aprehensiones amarradas a mis comportamientos. Llevo 2 semanas. 15 días de ser quien quiero ser, quien nací para ser. Me da miedo volverme a caer, pero ya he aprendido que ante la caída no existe opción diferente al levantarse de nuevo y caminar. Hoy no camino herida. Adolorida un poco, tal vez, pero camino más liviana, porque he re descubierto que ya pagué algunas deudas pendientes y en esta vida SÍ tengo el derecho a ser quien soy, así, como soy.